Radio de los 60s

miércoles, 29 de julio de 2015

Caminitos XII

Roberto


Estaba esperando a que me reparen  la moto, y aquí tengo  sombra y brisa. No es que crea en el destino, pero hay algo en todas las coincidencias, que ha hecho que me meta en la movida de invitar a esta gente a una botella de orujo.
Cierto es que tengo debilidad por esta bebida, y recuerdos, de cuando era niño, en el pueblo donde nos trasladábamos cuando nos daban las vacaciones de verano. Les ponían un poco en los biberones de los bebés y desde que eran adultos, los hombres iniciaban su jornada tomándose una copita en la taberna.
Me gusta de sobremesa;  a estas horas prefiero un Chinchón seco. No ha sido pues el orujo lo que me ha sacado de mi blindaje de tele portátil y cascos. Yo quería venir aquí, pero, de paso. No voy a ser yo quien revele donde estamos. No me importan las razones de los demás, yo sé que las mías pesan: es el lugar que me obsesiona, pero de cuyo nombre no quiero acordarme. No formaba parte de mi proyecto de viaje pero pasé y he tenido que quedarme hasta que se arregle la moto que, precisamente, se ha estropeado aquí.
Estaba muy tranquilito a la sombra hasta que se ha producido la invasión de ruidosas grullas más desagradable de las que he sufrido en mi vida. Me sentía protegido con mi blindaje y estoy convencido que no hubieran hecho el menor intento por quitármelo.  Yo he salido por mi voluntad, por ganas de meterme en el chisme, porque aquí hay algo gordo, lo veo en las caras y en los gestos; lo intuyo. Ante todo, mi salida me permite escapar a lo que nos cuenta la Sexta sobre la deriva del caso griego. Me irrita la manipulación y el desprecio a la voluntad de los griegos.
Cuando me cabreo me como el coco de mala manera. ¿Por qué he venido cuando me había prometido no volver a pisar esta tierra? ¿Por qué me meto en la movida de esta gente? Ya está hecho y “a lo hecho pecho”.
-¿De dónde sós?- Es Ensio, Responde el niño que llevo dentro.
_Nací aquí. Vivo en Las Palmas
-¿De qué familia es?- Era de esperar el golpe de la vieja chismosa. Me lo cobro con creces.
-Estoy tomando orujo con unos amigos, señora. Usted no es del grupo y no tengo la mínima intención de satisfacer su curiosidad.
-Me eduqué en el Sagrado Corazón y me toca topar con asnos…
-Uno de sus antepasados está enterrado en la cripta de la parroquia-Es Ensio. ¿Cómo puede saberlo?
-No quiero hablar del tema 
-Te he reconocido, Roberto. Estás demasiado bueno para olvidarte
El tío este no se corta un pelo, Hasta siento que su mirada me hace una mamada. No soy maricón; puesto que, según él, me conoce, supongo que estará al corriente. No parece que la lujuria asuste a estas señoras. Bueno, paso de fijarme en Matilde, aunque habla como una cotorra, como si fuera la única que habita este mundo. Me quedo pasmado cuando me entero de que Edurne está preñada.
-¿De quién?- Es Martirio la preguntona.
-Puede ser de cualquiera. Estoy segura que ella misma lo ignora, la muy zorra…
He tenido que retenerme para no soltar la ostia. No quiero líos, no. Lo mejor será escabullirme ¿De qué me conoce este Ensio? Suelto lo primero que se me ocurre para explicar mi retirada.
-Lo siento…Tengo que irme…- Me dirijo a la barra para pagar. Ensio me corta el paso.
-Ya está pagada, colega. Una lástima que tengas que irte, ya ves, nos queda casi entera…Veo que no te acuerdas de mí, estabas tan borracho cuando nos presentó Edurne…
¡No tenía que haber pasado por aquí! Me siento tan miserable como la pobre Martirio. Ella me mira con pena. Yo no quiero compartir. Mi dolor es mío. Ella me coge la mano con ternura.
-No te vayas así. ¡Terminemos la botella!
Me he quedado. No hacía falta partir la cara  a Matilde, el honor de Edurne tiene hartos paladines y la cotilla ha recibido su castigo. Sí, parece que hay embarazo y me duele. ¿Por qué? ¿Qué derecho tengo a reclamar fidelidad a alguien que yo dejé?
Martirio me sigue teniendo la mano como si pudiera ayudarme a encontrar respuestas. Me despierta de un sobresalto cuando sentencia.
-Mi hombre está muerto. Ya nada puedo hacer…
La pobre mujer saca al ahorcado, al fin de cuentas quien ha provocado este extraño encentro, sin jugar el papel de viuda desconsolada. No sé lo que su mirada me quiere decir, pero lo que yo siento es que lo mío aún está en esta vida. Yo quería a Edurne con toda mi alma, pero no pudo ser. Ahora me viene a la memoria la escena en que Ensio pudo conocerme. Si, estaba borracho, muy borracho, cosa que no me suele pasar, cuando rompí con Edurne, hace 10 años. Estábamos celebrando la toma de posesión de su actual plaza de jueza y nos acompañaba su auxiliar.
Es curioso que él recuerde mi nombre y mi cuerpo. Cuando me reuní con ellos yo ya estaba como una cuba y había decidido romper las relaciones. Era  mi despedida. No quiero volver a esa historia. ¿Por qué he tenido que pasar por aquí? ¿Por qué ahora?
-¡Cuidadín! Es inspector de Hacienda…
Hasta Matilde se ha quedado calladita como una muerta. ¡Ojala pudiera meterla un buen paquete! Me tengo que contentar con un buen susto, seguro que esta vieja se aprovecha de la tan abundante economía de la zona y Montoro ya se ocupa de meter miedo…
-No es a mí a quien hay que temer, a menos que tengáis intereses en Las Palmas de Gran Canaria. Otra cosa es que mis colegas de aquí han recibido órdenes de terminar con los abusos de la economía sumergida.
Matilde calla, pero respira terror y Ensio tiene tantas ganas como yo de torturar a la “Tilde”.
-Mucho han esperado, nada más con los alquileres en negro ¡Y a qué precios! Aquí se saca partido de cualquier cosa ¿Verdad usted?- Mira descaradamente a Matilde.
La aludida se hace la sueca, pero tiene muchos más enemigos de los que piensa y todo el mundo, con la excepción del forense, conoce historias que comprometen a la víctima. Ésta se salva por un adefesio de mediana edad que entra como una tromba y casi nos atropella con la mala leche que desborda.
-Hola Rosa Delia ¿Qué viento afortunado te ha traído?
La intrusa no se digna responder. Nos mira con asco.ve y huele el orujo y se dirige al forense.
-Me está usted amargando la mañana, tiene que acudir inmediatamente al juzgado.
-¿Qué?
-Esas cosas no se tratan en los bares y tampoco yo tengo que buscar aquí-Nos mira como si su mayor deseo fuera restaurar la Santísima Inquisición.
-Quién es esta “Torquemada”
Me sorprendo a mí mismo con la pregunta mientras pretendía hacer un esfuerzo para reprimir mis impulsos.
-Es la auxiliar del juzgado, aunque por sus humos e iras se diría que es el “dedo de Dios”.
- ¡Alguien tendría que pararla!
Es Martirio y Matilde se hace con la botella y le tira el orujo que queda en plena cara. Todo ha sido muy rápido, alguien me ha dado un fuerte empujón y al caer al suelo me he dado cuenta de que hay un gran charco de sangre. Puede ser de cualquiera, porque aquí ha habido ostias para todos. Confieso que yo me he quedado bien a gusto.


Bar del ágora

Bar del ágora ha publicado una entrevista que me hizo Javier Caso Iglesias sobre la presentación, en Villaviciosa de Esto es un infierno, muchas gracias. Es una forma de llegar a mis lectores y, sobre todo, una invitación a participar en un proyecto con el que comparto objetivos.

sábado, 25 de julio de 2015

Mi artículo de la semana


Maquiavelo y Rousseau

Me siento muy afectado por la deriva de la crisis griega y creo que compartimos ese sentimiento y nos dejamos deprimir ante el desgarrador espectáculo. Todo esto formaba parte de los objetivos del maquiavelismo; pero eso es lo que tenemos,  y no captamos la mirada de Rousseau, que muestra que hay salida. No pretendo adentrarme en un discurso filosófico; solamente quiero evitar caer en la trampa que nos están tendiendo.
Si se trata de cuidar a Grecia, al Euro y a los acreedores se pensaría que los 82/86 millardos de euros procedentes del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES) que las instituciones pusieron encima de la mesa, en las negociaciones, hubieran sido entregados a Grecia en vez de, como lo han hecho, a los bancos griegos.
Si se hubiera actuado de esta manera, los fondos hubieran sido utilizados para el objetivo proclamado por los mismos: la inversión en proyectos ciudadanos, la recuperación de derechos; que activara un potencial humano ávido de surgir. No me parece necesario citar nombres de prestigiosos economistas que se han pronunciado sobre el proyecto económico del gobierno de Tsipras y hay muestras evidentes sobre la decisión de salir de los ciudadanos.
¿Qué han hecho? El BCE da los dineros a los bancos, ¡Hay que salvar al sistema financiero! Mientras siga reinando Maquiavelo, nadie se preguntará por qué, aunque la crisis es financiera y que los financieros se han equivocado ya dos veces en la terapia griega y sean cada vez más ricos y más usureros y reacios a subvencionar con sus créditos proyectos ciudadanos. Grecia está condenada a endeudarse para pagar a sus acreedores, La deuda no dejará de crecer y Grecia de decrecer ¿Quién diablos pagará esa deuda? Nosotros.

Las cosas no pasarían así si tomáramos la mirada de Rousseau. El propio Fondo Monetaria Internacional lo ha proclamado así, el rescate griego es imposible en el planteamiento actual; todas las instituciones son muy conscientes, pero, por el momento, los que tenemos que pagar la cuenta, nos hemos dejado deprimir por el palo. No podemos permitírnoslo. Lo que nos dicen que es no es. No podemos deprimirnos, y la salida está ahí: el viraje de la UE en la deriva del asunto griego requiere un referéndum-

miércoles, 22 de julio de 2015

Caminitos XI

Jaime


En toda mi carrera como forense me he encontrado con un caso como éste. Conocí a Antonio cuando estábamos en primero de Medicina. Nos veíamos poco, pero ambos nos profesábamos un respeto mutuo. Siempre he considerado que era un gran tío, pero que tenía sus rarezas. No esperaba encontrármelo ahorcado, era demasiado coherente y desde luego, nada exhibicionista…
No he tenido, por suerte, muchas experiencias con ahorcados. Siempre me ha helado la sangre esta forma de morir. Es como si viera mis rasgos en el rostro de la víctima. Me siento arrastrado al espanto de esa lengua que se estira hasta mis pupilas.
¡Pobre hombre! Ha sido todo lo que me ha venido a la mente con respecto a mi inesperado encuentro con Antonio. Las miradas que me exigen cumplir con mi trabajo empiezan a parecerme impertinentes. Se imponen los protocolos y agilizar el levantamiento del cadáver. La jueza tiene  prisa, demasiada, a juzgar por signos de nerviosismo que contrasta en una Edurne que siempre asume tan dignamente su papel de voz de la justicia.
Me pone claro que tengo que darme prisa y Antonio pasa a ser meramente el “caso”. No han tenido que esperar mucho los funcionarios implicados en el procedimiento. La víctima está bien muerto, yo diría que desde hace, cuando menos 10 horas. Son las once de la mañana…
Cuando me libro de mis colegas tras las firmas y el traslado del cadáver para proceder a la autopsia, tengo ganas de perderme y el trecho que tengo que caminar no me parece suficiente. Hago una parada en Chez Maude y me casco un buen orujo en la terraza; me gustan las terrazas de los bares y no solamente porque se puede fumar; pero esta vez me he equivocado: tengo al lado esa ralea que gozaba del espectáculo del ahorcado. Son buitres carroñeros que me producen lógica repugnancia. Me levanto para irme, pero me topo con los pechos de una energúmena  que pretende instalarse en mi mesa. Nunca he visto algo tan patético. Es fea como un demonio y para que quede claro se ha llenado de cuernos su cabeza rapada. No puedo evitarla, se me ha puesto delante cuando ha visto que intentaba levantarme. Me he sentido aplastado por unas tetorras apretadas en un sujetador de ñoña.
Habla de Antonio; no entiendo lo que dice, pero entiendo que  alguien pudiera ahorcarse para liberarse de semejante peste, que eso sí, deja muy claro su nombre: Matilde. Me tiene atrapado.
-Sigan ustedes con sus pesquisas, sigan quitándonos el pan de la boca con el despilfarro de nuestros dineros… Ese hombre era un degenerado y la jueza… ¿Hasta cuándo vamos a permitir que la chusma nos mangonee?
-¿Qué me está contando, señora?
A duras penas he logrado tomar distancias. Ella grita para que todo el mundo la escuche, incluido alguien que nos vigila  desde su mirador. Estoy atrapado  en un espectáculo denigrante.
-Ruego encarecidamente, señora, se digne no entorpecer mi retirada…
Me siento ridículo con tal lenguaje, pero no encuentro otro para este espantajo y para la situación en que me ha metido. ¡Que trago!
-¡De aquí no sale usted con el “cuerpo en triunfo”! -Por lo menos ha leído a Lorca, la jodida- Lo que usted trata no es un simple cadáver. Es el producto de la infiltración del mal en la Ciudad de Dios- También presume de haber leído a San Agustín. ¡Que rollo!
-Temo que se equivoca de persona.
Es lo primero que me ha venido a la boca, grave error. He dado cuerda…
-Usted es el forense. Lo sé…
-Y mi trabajo consiste  en investigar las causas de la muerte.
-Desde luego, eso no lo puede hacer mientras pierde el tiempo tomándose un orujo aquí. No me parece decente…
Me guardo mi opinión con la esperanza de que termine la polémica, pero no; esta zorra se anima.
-Ganamos la guerra y por demasiado generosos, hemos dejado que el enemigo se nos meta en casa…
Esta tía tiene cuerda para rato y yo no tengo huevos para escabullirme; Tendría que hacerlo corriendo sobre su cadáver, a juzgar por los aullidos de la garza, resuelta a interponerse en mi camino. Nadie sale en mi ayuda. Me pesa el “silencio de los corderos”.
La homilía de mi verdugo se confunde con la de la Merkel que veo en la pantalla del televisor portátil de mi vecino de mesa. El cabrón está bien protegido por los cascos y yo imagino lo que pueden decir los personajes que veo en la pantalla.
¡Todo es un asco! ¡Estamos torturando al pueblo griego y mandándole al matadero! Somos mucho más crueles que los matarifes… ¿Por qué tengo que permitir que esta golfa me secuestre y me someta a juicio sumarísimo? Simplemente porque me corta el paso y porque suelta alaridos, intercalados con la proclamación que ella habla “alto y claro”. De repente ocurre el milagro. Dos mujeres que se aproximan a la terraza, al ver a  mi interlocutora, se paran en seco, dejan escapar
-¡Coño! ¡La Tilde de los cojones!
En vano tratan de huir, pero mi captora tiene para mí y para sus nuevas víctimas.
-Venís al trapo, chicas. Os presento al señor forense que tiene a su cargo al desgraciado Antonio –hecha una mirada fumigadora a la más vieja de las nuevas cautivas y se dirige a mí- Supongo que le interesará conocer a la concubina…Bueno…, no sé cómo llamarlo…
Pequeñas lágrimas se obstinan en salir de los ojos de la aludida, tiene aspecto de desvalida, de cansada de vivir. Su compañera toma una de sus manos y cambia el escenario.
-Encantadas de conocerle, señor…
-Jaime
-Esta señora de quien doña Matilde no sabe definir su relación con el finado,  se llama Martirio y ambos eran amigos de larga duración. Yo soy Laura, la peluquera de estas seoras.
Me fijo en Martirio. Laura no solamente ha hecho un excelente trabajo de disimulo. Se diría que ha dado esperanza a la miseria. La artista tiene otras cualidades ¡Ya lo creo! De mayor me gustaría ser como ella.
En unos minutos nos ha hecho sentar en una mesa, ha hecho bajar al tipo que nos espiaba desde su mirador y nos ha invitado a todos a tomar un orujo. Para mí un giño, pero para “la tilde de los cojones, una auténtica provocación.
-Yo no tomo esas cosas y aún menos por la mañana. No esperaba de ti esa falta de respeto. Soy una señora y por eso no he utilizado la palabra “puta” cuando hablaba de tu amiga.
Después, todo ha ido mucho más rápido. Ha llegado el cotilla del mirador que Laura me ha presentado.
-Ensio. El forense.
El recién llegado no se corta un pelo ¿Por qué me recuerda al gayo cuando un intruso intenta arrebatarle sus gallinas?
-¿A quién se le ha ocurrido pedir orujo?
-Al señor forense ¡En buenas manos hemos dejado a un desgraciado que ha sucumbido  víctima de la justicia!
La Matilde me señala con rabia incontenida. Laura disipa el “anatema”, de un plumazo. Es una mujer de las que rompe y rasga. Se bebe de un trago la copa que ha rehusado la petarda y suelta.
-Yo me tomaría otro, ¿alguien más?
Matilde se queda sola en sus impúdicas repugnancias frente al entusiasmo plebiscitario, y lo que nadie había previsto; se agrega el de la tele portátil y los cascos.
_Supongo que se podrá pedir la botella, invito yo…



lunes, 20 de julio de 2015

Vicente ya ha puesto todo

Presentación de "Esto es un infierno" en el Café de Vicente

Ya se puede comprar "Esto es un infierno en

ReadOnTme
Librería El Mundo.es

En ambos casos Ebook: 2 Euros

En papel; 7 Euros;

Oviedo

Ojanguren  Cervantes

Villaviciosa

Café de Vicente
Quiosco de la calle del Agua

Las Palmas de Gran Canaria
Cabaima

Me encantaría trabajar con otras librerías, de momento es lo que hay; claro que muy pronto se podrá comprar en los vendedores usuales que trabajan "bajo comanda"

domingo, 19 de julio de 2015

Vicente

Vicente que, además de anfitrión de la primera presentación de mis novelas, es, el “film maiker”, el que crea el espectáculo que nos permite transmitiros una parte del “milagro” que vivimos, ha decidido presentarlo de la siguiente manerAnuncio , ültimo minuto del acto

Dentro de unos días ofrecerá una mirada breve sobre el evento y la filmación de la presentación propiamente dicha.
Me sentí algo defraudado, al principio; después comprendí su planteamiento: “Es muy difícil que alguien se meta en un rollo de cincuenta y tantos minutos. Hay muchas más posibilidades de que lo hagan en algo más de un minuto. También este planteamiento alarga el tiempo de exposición, puesto que queda pendiente y se publicará el artículo en Villaviciosa Hermosa en los próximos días.
Se hace cada vez más fuerte el lado del “hacedor de película” de Vicente: el enlace de algo más de un minuto puede sonar a confusión porque no se sabe por qué hablan esas personas, pero en poco más de un minuto se plantean temas que, lamentablemente, todos conocemos y sufrimos, y sobre todo en este contexto que nos toca vivir. Yo creo que es una forma muy rompedora de los cánones de presentaciones de novela. No cabe duda que el proyecto es pragmático. Ya he mencionado mi aprecio por la película, pero lo que más aprecio, es que siento el trabajo de equip;, porque la película es muy coherente con el ambicioso proyecto que había planteado: presentar la  novela e invitar a un debate sobre la paz en el contexto de la gravísima crisis griega. Le toca a Jerónimo la labor de utilizar este material en sus cursos de postgrado.
Yo creo que la presentación por la que ha optado Vicente, además de lo expuesto, sabe utilizar el espectáculo para cumplir los objetivos: en algo más de un minuto se exponen, como si nada, nuestras angustias; nadie puede sentirse molesto, aunque, en realdad, se trata de un vómito.
No creo ser el único que llevo unos días viviendo entre milagros, porque con quienes estoy compartiendo me dan, asimismo, la impresión de vivir en la “luna de los Milagros. Solamente os diré que desde hace dos días, Salvador se encontró en Oviedo con que no podía meter la llave para arrancar, en mi coche. Yo estaba en Villaviciosa. Ayer, Isabel nos llevó por las montañas y el coche empezó a hacer ruidos raros. Hoy me he dejado las llaves, por dentro, en la cerradura…. ¿Milagros? Si, milagros; el seguro ofreció taxi y grúa para traer el coche, en el garaje se comprometieron en ocupase desde que llegara…. Nada fue necesario, porque el señor de la grúa lo arregló todo con un simple movimiento del volante, bastó esperar a que se enfriara el motor y bajara el sol,  y he podido entrar en mi casa, pese a que la cosa se ha puesto complicada. Nadie ha mostrado contrariedad. Todos hemos priorizado el milagro.

En la película de Vicente, toda esta parrafada ha sido escenificada en algo más de un minuto y además, le sale más bonito. Mira y escucha, es algo más de un minuto….

viernes, 17 de julio de 2015

Presentación de "Esto es un infierno"

Presentación de “Esto es un infierno”


El pasado miércoles, se produjo un “milagro” que desbordaba el café de Vicente, puesto que se intrigaba en la peluquería  de enfrente, Diagonal,  en la terraza y en las calles que lo enmarcan.  Es un fruto del tiempo, puesto que se trata de la cuarta novela publicada por Carlos Ortiz de Zarate y porque el local es siempre el primer lugar en que el autor presenta sus obras. Así se ha tejido una complicidad. No es milagro; es convergencia. Nadie pasaba por aquí por casualidad.
El primero que intervino, tras la bienvenida de Vicente, Salvador del Olmo Dieppa, comentó que estaba a punto de dejar sus estudios universitarios, porque su sueldo no le permitía cubrir los gastos para salir de su isla, Gran Canaria, y poder cursar el segundo ciclo de la licenciatura en Filología Francesa, puesto que en la Universidad de las Palmas  de Gran Canario, solamente se impartía el primer ciclo. No ocurrió así porque su profesor logró asociar a las Universidades de Barcelona, Las Palmas y París 8 en un proyecto, entonces incipiente de la actual Unión Europea Erasmus Lingua y argumentar para que se contemplara el objetivo de aliviar el peso de la insularidad. Así, los alumnos que estaban en el caso podían completar sus estudios en la Universidad de París 8, acogidos por la Universidad de Barcelona y la Universidad de Las Palmas aportó fondos para completar la financiación de los costos que no cubría la beca comunitaria. Fue necesaria una complicidad para aplicar recursos para objetivos que no estaban previstos en los programas Erasmus-Lingua, pero Salvador y los alumnos que se encontraban en la situación del mismo no fueron castigados porque la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria no ofreciera el segundo ciclo de la Licenciatura en Filología Francesa, por el contrario, los cursaban en la Universidad de París 8 y obtenían la titulación de esta universidad y de la Universidad de Barcelona. No era un milagro, bastó con la complicidad de todas las partes implicadas. Hay un hilo conductor: las buenas relaciones de Carlos Ortiz de Zárate con sus ex profesores en Francia y con la Universidad de Barcelona, en la que cursó el grado de Licenciado y el doctorado.

La segunda en intervenir, Isabel Campo Viejo, inspiradora de personajes de varias novelas del autor, dio voz a Anabel, personaje de “Esto es un infierno”. Es una pobre mujer que está con todos, pero que no está con nadie; es una voluntaria que divide su vida en su trabajo de funcionaria y la residencia geriátrica, donde ella se dice que va a ayudar al prójimo, pero que, en realidad busca “prójimo”. Es una pobre desgraciada, porque nadie busca su complicidad y porque es expulsada, precisamente, cuando la residencia deja de ser un infierno. Con todo ello, Anabel enciende el detonante del milagro: la muerte de la egocéntrica Chuchi.

Carlos Ortiz de Zárate mencionó el horror que siente por lo que le espera: la residencia geriátrica y que en la novela se había propuesto confrontarle, en un momento muy duro de su vida. Lo que hay, las miserias que todos tememos, está muy presente en la novela, pero en un humor negro que arranca carcajadas. El milagro se produce; no estaba previsto, como en el caso de Salvador, pero Jonatán, un “deficiente mental” logra que Libertad, condenada por Franco a llamarse Maruja, recupere su identidad y su piano, que se encontraba en la cuarta planta de un edificio carente de ascensor, al que no tiene acceso desde que rompió la cadera. El infierno toma los colores de la ilusión. No es un milagro y podría ocurrir, pero no suele pasar, porque no estamos abiertos a las complicidades, como ha ocurrido en esta presentación.

miércoles, 15 de julio de 2015

Caminitos X

Fernando



Me he pegado un buen susto cuando he topado con un ahorcado  en mi camino hacia el trastero. Es Antonio. No me sorprende; este pobre hombre llevaba meses anunciando su triste fin. Siempre ha sido arisco y un amargado existencial. Eso sí, siempre ha sabido comportarse.
Nuestras conversaciones nunca han ido más allá de las que impone la cortesía en una comunidad de vecinos, pero soy capaz de afirmar que algo iba mal para este hombre desde hace unos meses. Exactamente desde que ocurrió la tragedia del vuelo de la GermanWings; lo recuerdo muy bien, porque estábamos unos cuantos hablando sobre el tema, en el portal, cuando entró él, completamente desencajado y pasó de nosotros como si no nos hubiera visto. No era su estilo; siempre saludaba y dirigía unas palabras. Estaba mucho más raro de la rareza a las que nos tiene acostumbrados y Chunchi dijo:
-¿Cómo no comprender que haya pilotos locos cuando hemos tenido funcionarios locos? – Su mirada ejecutaba al pobre Antonio.
-.No me parece que esté loco, al menos nadie puede hablar de síntomas de locura.
-¿Sabías que se ha tirado a la carretera envuelto en un colchón?
-No
-Pues lo ha hecho. Se ha tirado del piso de esa amiguita que tiene, ya sabes, la Martirio esa que martiriza a todo el mundo.
Yo me caía de la copa de un pino. Ignoraba que tuviera una “amiguita” y no me lo imaginaba montando escándalos. Chuchi siempre está informada de todo y se empeñó en agobiarme con detalles escabrosos, ¡Qué mujer!
Me agobió tanto que aún ahora el recuerdo se impone a la visión  del ahorcado. No es un espectáculo agradable y aún lo es menos con la carga que metió la cotilla.
Me estalla la cabeza y llevo ya demasiado tiempo sin reaccionar. Lo lógico es llamar a la policía y me estoy preguntando cómo diablos ha podido montar su horca este pobre hombre para plantar su despojo en la cara de cualquiera que quisiera acceder a los trasteros ¿Habría pensado en mí?;  sabía que tengo aquí mi estudio, en el que paso horas y horas en intentos de dar forma y color a mis sueños.
Me sorprendo a mí mismo cuando me dispongo a hacer un boceto; la tragedia del ahorcado se difumina por los rayos del intenso sol matizado por la opacidad de las placas que dejan pasar la luz en el tejado. Se diría que el arquitecto hubiera preparado el escenario.
-Estaba cantado que pasaría… -Es Chunchi, la última persona que hubiera deseado que apareciera- ¿Qué haces? ¿No me digas que te has puesto a dibujar?
-La policía necesitará un croquis…
Mi disculpa no parece convincente. Lo sé por el reproche que lleva inscrito en su geta. Por lo demás, todo delata que está en su salsa y que rabia por jugar el papel de pregonera. Yo me quedo con el muerto y nadie podrá reprocharme que me traiga el caballete y me entregué  a mi pasión de pintar. Mi gozo en un pozo, Chunchi ha sido muy hábil para ejercer de pregonera y para volver a la escena del suicidio con mucho más rapidez que la mía en trazar el mogollón de mi mente. La entrometida lo ha hecho tan bien que no para de llegar gente. Los aspavientos y los tumultos han turbado la paz  que disfrutábamos el muerto y yo. Han llegado hasta de una cadena de tele. La Chunchi está chupando cámara. Siempre me señala con su dedo acusador para dejar bien clarito que “si no hubiera sido por ella…”
Martirio está en un rincón, ¡como si quisiera pasar desapercibida! Apenas tiene tiempo de enjugarse una lágrima. Chunchi se ha apropiado del dedo de Dios.
-¡Aquí tenemos a la desconsolada viuda!
Josefina, Anabel y todo el coro de cotillas oficiales presentes afirman que el señor que tenemos de cuerpo presente no estaba casado y no ocultan el desprecio a semejante adefesio. La verdad es que la pobre Martirio está hecha unos zorros. Clava su mirada en el suelo como si así pudiera escabullirse, pero estas señoras son demasiado señoras para ella, una escoria que cobra una no contributiva y que se pasa la vida martirizando al prójimo. La lapidada no se ha dado por enterada, pese a que sus ejecutoras han proclamado la sentencia “alto y claro”
El ahorcado sigue ahí y los curiosos que se organizan  mejor que la policía, a juzgar por la rapidez con que se han presentado se interesan más por el chismorreo. El cámara que acompaña a la periodista ha sacado unas tomas del finado. Ha enfocado el patetismo; no tenía perspectivas más allá, siquiera el juego de luces que seguramente no había visto el arquitecto. Después el centro de interés ha sido Chunchi y su camarilla de cotillas, hasta que el llanto que oculta Martirio atrae a la entrevistadora.
-¿Era su amante?
-Era uno de mis pocos amigos, desde hace muchos años,,,
-¿Era su amante?
Corta en seco, sin miramientos. La señora es muy profesional y sabe lo que quiere su cadena: sangre, sexo y la Pantoja. Lo digo porque menciona a la tonadillera cuando el cámara vuelve a enfocar a Martirio, en espera a la respuesta de la reiterada pregunta.
La aludida se pone como un tomate.
-Algo hacíamos, aunque con la edad que tenemos, poco puede hacerse.
.La señora afirma –Señala a Chunchi- que hace unos meses se tiró de la ventana de su casa, envuelto en un colchón.
Martirio se muerde el labio. Quiere callar, pero no puede…
-No hemos vuelto a vernos desde entonces…-Guarda su dolor ¿Para qué mostrarlo?
_ ¿Por qué se tiró?
Martirio se atrinchera en su pequeño rincón, como si pudiera escaparse de una fisgona.
-¿Por qué no han vuelto a verse?
La tía insiste.
-No lo sé; no volvimos a vernos desde entonces.
-Alguna razón tenía que haber…
Martirio llora y calla
-¿Por qué no la dejan en paz? ¿No son capaces  de respetar el sufrimiento?
Me mira como si me quisiera partir la cara con todo lo que tiene a mano. Esta señora se cree en posesión de la ira divina.
-El  señor fue el primero que lo vio y, como puede observar, se puso a pintar.
Es una Chunchi acusadora y no he sido aún capaz de plasmar mis emociones en el lienzo. ¿Para qué lo habré traído? El cámara se ha regocijado mostrando un lienzo sucio carente de trazos, mis iras y vergüenzas, mi desnudez…
-¿Por qué se puso a pintar en vez de hacer sonar las alarmas?
-Merecía un homenaje…
-¿Y si aún vivía?
-No se le puede tocar hasta que vengan las autoridades.
-Pero, usted no se molestó en comunicárselo.
-Lo ha hecho doña Chunchi
-Pero usted perdió un tiempo que podría haber sido precioso.
-Ya lo veo, a juzgar por lo que están tardando los señores…
Soy consciente de que no se dará por vencida. Su mirada deja bien claro que va a por mí y supongo que la mía hace comprender que voy a por ella. Ignoro por qué lo hago ¿Qué me importan a mí las audiencias de los programas basura? Esta señora es muy cobarde. Se va, con su cámara a otros lares y la llegada de Matilde es realmente espectacular: lleva aún el “panamá” y el ridículo velo. Es muy consciente de que chupa cámara y no está dispuesta a desaprovechar una milésima de segundo. Se impone. No faltaba  más.
-Todo es culpa de la señora jueza que padecemos…
-¡Es una acusación muy grave!
-Todo el mundo sabe que este hombre – señala al muerto- era amante de esa buena pieza –señala a Martirio- También es público y notorio que mencionada se había ganado más que a pulso, un arresto domiciliario y que la jueza que es más amiga de los delincuentes, concedió un vis-à vis a ese pobre desgraciado que se ha ahorcado…
No creo que la entrevistadora tuviera la intención de dejar continuar una intervención que amenazaba eternizarse y tomar derroteros que no le convenían. Me hubiera gustado poder comprobar si era capaz de librarse de las garras afiladas de Matilde. La llegada de las autoridades interrumpe  todo el circo y tras tomar nuestros datos nos punen de patitas en la calle.



domingo, 12 de julio de 2015

mI ARTÍCULO DE HOY



La paz


Tras los horrores de la II Guerra mundial, las proclamaciones institucionales  se dotaron de instrumentos; ONU, FMI etc. y de iniciativas, como es el caso del Plan Marshall, que se proponían erradicar las guerras. Casi lo han logrado en los territorios “desarrollados”. Se pone la emergencia de la Unión Europea como ejemplo. Olvidamos con mucha facilidad los desastres de guerras que se producen “fuera de nuestras fronteras” o el hecho de que los intereses que antes animaban las guerras europeas, siguen primando en las instituciones y que los ciudadanos somos los sufridores, pese a la solemnidad de la Proclamación Universal de los Derechos Humanos. El caso griego me parece expresar esta situación.
El Eurogrupo no se pone de acuerdo para aceptar o rechazar la propuesta del gobierno griego para obtener un tercer rescate. No hay una explicación pacifista para el retraso en la toma de decisiones, puesto que Tsipras, apoyado por un referéndum y por mayoría parlamentaria, -amplios, en ambos casos, presentó, el pasado jueves a última hora, una propuesta de reformas que recogía las exigidas por  la Troika el 26 de junio
Los acreedores tienen lo que querían, incluido el circo de castigar al díscolo y a los ciudadanos que lo apoyan, con ese corralito impuesto por el BCE y por los que sacan su pasta de Grecia, y un gobierno que tiene que conseguir que el Parlamento acepte lo que los ciudadanos han rechazado.
Parecería que el Eurogrupo, la Comisión, el FMI y los Estados de la UE estarían bien asesorados el 26 de junio ¿Qué otra explicación que el espectáculo del castigo a los ojos de potenciales díscolos en otros Estados Miembros?
Lo más curioso es que esos señores que están aprovechándose del lamentable espectáculo, están siendo objeto de crítica; la Academia;  26 profesores de la London School of Economics dicen que el plan de rescate griego ha sido un desastre austericida. Hay también premios Nobel que lo afirman y el propio FMI acepta  que la deuda es impagable.
Quiero creer que impere el sentido común, Tsipras presenta más garantías que cualquiera de los gobernantes del Estado desde la adhesión del mismo a la UE y al Eurogrupo, supongo que los argumentos que sirvieron para meterla, siguen siendo válidos y deberían serlo mucho más ahora.
La paz no es cuestión de principios, sino de llevarlos a la práctica, aquí todo el mundo traiciona los principios y lo que vale son los intereses de los que mandan. ¿Vale? Ya lo veremos, todo depende de las voces que escuchemos.


jueves, 9 de julio de 2015

La nota de prensa de mi presentación;Invitación a debate

Presentación de “Esto es un infierno”, en el Café de Vicente, Villaviciosa, miércoles 15 a las 2030h


El autor,   Carlos Ortiz de Zárate, se mete en un escenario que a muchos nos produce horror, y ofrece risas_ ¿humor negro?_ y esperanzas de otro final posible. Todo es muy realista y no hay biombos que oculten las miserias. Presenta lo que hay y cuenta lo que podría ser. No es impensable que Jonathan, que está en la residencia como “disminuido mental” que acompañaba a su difunta abuela, entre en los mundos de Libertad, una ex pianista de boleros, que termina aquí  porque rompió la cadera y vivía en un tercero sin ascensor. No es imposible, porque quienes padecen la enfermedad de Down no son incapaces de comprender a  las que dicen llamarse Libertad y todo el mundo llama Maruja. Así se produce el milagro, que, como ya indicado, no tendría por qué serlo. Los horrores y los vicios ocurren, por supuesto, pero la estupidez de los mismos destila el humor negro aludido.
La presentación, a cargo de Salvador del Olmo Dieppa, ex alumno del autor en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y por Isabel Campo Viejo, inspiradora de Anabel, una de las personajes que encarna los vicios que se filtran en esos lugares, aspira a plantear lo que se puede hacer frente a lo que hay. Esta presentación servirá como material para debate en sus reflexiones sobre la paz, que imparte, en México, Jerónimo López Soldevilla, también ex alumno del autor y actualmente profesor universitario.
No dudes en solicitar información adicional por esta dirección de correo o 67997842.
Adjunto portada de la novela
Sinceramente
Carlos Ortiz de Zárate


miércoles, 8 de julio de 2015

Caminitos IX

Tatiana


No esperaba toparme con don Serapio, pero lo buscaba desde que se llevaron a Juanito. Alguien tendrá que hacer algo por nosotros. Ensio me ha prometido intervenir, pero no ha tenido ocasión. Los ricos también lloran y estos dos llevan más de una semana sin verse. Parece ser que doña Ramona hubiera impuesto otra de sus refinadas penitencias y que retine al marido acosada por una más de esas enfermedades imaginarias que padeces.
-¡Qué bueno este encuentro!
Es todo lo que se me ocurre decir. Es muy poco para lo que quiero pedir. Este viejo me intimida y la angustia que carcome mis entrañas no me ayuda  con las palabras, pero sí a transmitir mi mensaje.
-Yo también me alegro de encontrarte. ¡Toma! –Me larga 50 euros- No llevo más encima…
Pobre disculpa. Hay cajeros por doquier.
-Gracias, al menos podré comprar leche para el bebé –descubro un poco la cara de mi niño- Me ha cogido catarro- y quizá para medicinas…
No creo que una mirada de mera cortesía capte lo que quería mostrar. Tengo a mi hijo en una sillita que había encontrado en la basura unos meses antes del parto. Lo demás es igual de miserable. Los estragos de vivir en un piso húmedo y a la deriva saltan a la vista. Eso es lo que quería resolver cuando me puse en búsqueda de este tipo. No necesito los 50 euros para comprar leche y medicinas; con ser más pobre, Ensio me las compra, aunque tengamos que desplazarnos para que acepten la AM, que es, normalmente,  su única tarjeta en la que le queda crédito.
_ ¿Por qué no le das pecho?
-No tengo suficiente leche…
Me mira las tetas con lujuria como si el tamaño contara tanto en sus cálculos. Sé que Ensio la tiene muy grande, me la ha enseñado con orgullo y, por lo que veo, también le gustan estos pechos que Dios me ha dado.
-Dale todo lo que puedas...
Intenta seguir su camino. No estoy dispuesta a permitirlo. Juanito lo está pasando muy mal. Está en celda de castigo y no me dan permiso de visitas. Estoy informada por Dolores, ella puede visitar a su hijo.
-Verá usted, don Serapio…me preocupa Juanito…
-¿Quién es ese Juanito?
De sobra lo sabe el pinche viejo este. ¿Por qué me ha soltado los cincuenta euros? ¿Por qué se acuerda de mí y no de Juanito a quien no quitó su mirada guarra de encima el día que nos presentó Ensio?
-Es mi pareja; le han metido en una celda de castigo…
-¿Qué puedo hacer yo?
-Usted tiene amistades…
-Las justas, señora, las justas… -Se pone grandilocuente, como si lamentara ser un incomprendido-Supongo que el individuo en cuestión habrá hecho algo para merecer tal castigo…
Le corto el paso. Sé que de este tío he sacado todo lo que puedo sacar. Insisto para mortificar y me complazco en observar los efectos. Le va el rollo; Ensio me ha contado que le mete buenas tundas. Me mira como un perro abandonado, pero se pone, de pronto, tan tieso como siempre.
-Discúlpeme, mi esposa necesita los medicamentos que me disponía a ir a comprar.
-¿Podría usted comprarme esto para mi niño?-Le entrego la receta y  los cincuenta euros- y esta leche- le enseño el bote- tiene intolerancia a las que he probado hasta ahora.
Se queda de piedra, pero no se corta un pelo.
-Los pobres no necesitan criados, señora mía. ¡Cómprelo usted misma! .Intenta devolverme todo.  No lo consigue, no, una sabe defenderse.
-Esa leche es muy cara y me hace falta más de un bote. ¡No puedo dejar morir a mi niño por el simple hecho de que su padre está en la cárcel!
-No me cuente usted sandeces; en España hay protección suficiente para todos los ciudadanos y especialmente para los desvalidos…
Lástima que el farmacéutico o las asistentas sociales del Ayuntamiento no piensen así, para ellos soy una simple cubana emparejada con un delincuente. ¿Qué puedo responder a este “prócer”? La culpa es mía. Ya debería haberlo previsto cuando este menda desoyó las súplicas de Ensio para que su despacho de abogados se encargara de la defensa de mi hombre, dado el desinterés del que le había tocado de oficio. No puedo reprimirme; me complazco en hacer una pelotita lo más dura que puedo con los cincuenta euros, apunto y le disparo sus limosnas en plenos morros, lástima no tener tiragomas, pero mi rabia ha tenido que hacer daño. Ahora es él quien retiene la marcha de mi ira.
-¡Señora! Me parece que esto es suyo…
Me devuelve la pelota y yo lo  pienso mejor; cincuenta euros es una pasta. No estoy yo para hacer remilgos. Se va en buena hora y yo me voy al estanco para comprar cigarrillos y a Chez Maud para tomar un vino. ¡Qué asco de vida ésta! No hay sino cuervos carroñeros. No puedo soportar la mirada con la que me crucifica la Rosa Delia de los cojones. Si volviera la Inquisición y ella fuera algo más que una mera auxiliar de juzgado, me llevaría a la hoguera, no me cabe duda alguna. Comparte mesa con otras brujas reprimidas, entre ellas, la asistenta social, quien dice, para que yo lo oiga.
-Luego vendrá a pedirme para comer o para la leche del niño…
Ellas siguen a lo suyo y me imponen el espectáculo de mi lapidación. Yo hago como si no oyera o viera. Ensio está en su mirador. Me hace una seña para que suba. No hay pena que cien años dure…Dejo la terraza con sumo placer, sobre todo porque Ensio me ha dado “bola” y me ha hecho protagonista de un escenario más impactante que el de las gruyas. Me marcho con mi victoria, mientras escucho a Rosa Delia
-¡Dios los crea y ellos se juntan!
Pues eso, las gruyas con las gruyas…Nos dan risa cuando las vemos desde el mirador. No parece que en sus trabajos alguien controle las ausencias; se tiran un buen rato, estoy segura que destrozándonos. Ensio me pone cremas limpiadoras, nutrientes y relajantes ¡Hay que ver la fortuna que gasta en potingues! Antes ha preparado un excelente mojito y hemos esnifado una “rayita” cada uno.
-¿Te encuentras mejor?
Estoy en el paraíso; si no fuera por las toses de mi niño…
-Está mejorando…
No lo veo así, aunque me siento mecida para que acalle mis angustias.
-Me he encontrado con don Serapio…
-¿Le ha dado libertad doña Ramona?
-Iba a la farmacia para ella.
-¡Pobre Serapio! Siempre le ha tenido de recadero, pero ya sabes; sarna con gusto no pica…
-Dice que no sabe quién es Juanito.
-Haberle enseñado la foto esa en que marca bien el paquete. ¡Menuda paliza se llevó por comérselo con la mirada!
-¿Estabas celoso?
-Sí, pero más bien porque me robara a Juanito.
-¡Es mío!
-¡Pero tiene un revolcón!
-¡Que sinvergüenza eres! Sabes que le va más la almeja…
-¿Qué sabes tú de cosas de hombres?
Sé algo más de lo que él cree, pero me hago la tonta, como con las arpías, Juanito nunca me ha ocultado de dónde saca la pasta, cuando la trae, pero es muy capaz de satisfacer a una mulata; muy pocos lo son aquí. Me tiene encoñada, aunque a veces se ponga violento… ¡Dios mío! ¿Por qué diablos tuve que llamar a la pasma?
-Te veo muy pensativa… ¡mírate al espejo! ¡Estás tan guapa!

Es verdad. ¡Este tío hace maravillas con sus dedos!

sábado, 4 de julio de 2015

Mi artículo de la semana

Hablemos de Europa

España conmemoró el 25 aniversario de su adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea (1986) proclamando que en el periodo había recibido de la institución el doble de lo anualmente aportado (1,24% de la Renta Nacional Bruta). No lo niego. Me inquieta el uso de esos fondos y lamento que se ignoren las cláusulas del contrato: las privatizaciones, los topes de producción,   las restricciones a productos… y el imparable aumento de la deuda.


Desde mi más profundo europeísmo, lamento no compartir proyecto con la UE, porque no ha controlado la inversión de unos fondos que pertenecían a los ciudadanos que representa la institución, pese al alarde que España ha sido receptor histórico de fondos de solidaridad y que habían transcurrido veinticinco años, tiempo sobrado para establecer mecanismos de control. La corrupción, la megalomanía y los grupos de poder han sido  receptores de esos fondos y el resultado me parece un argumento.  Basta recordar que los grandes receptores de los fondos PAC son los latifundistas.
Las concesiones que hemos tenido que hacer a nuestros socios invalidan cualquier proyecto de solidaridad. En efecto, no parece, por ejemplo, ayudar al desarrollo español imponer un cupo de producción de leche inferior al consumo estatal del producto.
El aumento de nuestro endeudamiento no ha parado desde 2005 (36,3% del PIB); 69,3% en 2010, a pesar de las ventas de nuestras empresas públicas. No tengo la impresión de que esta pérdida patrimonial haya sido tomada en consideración en el cálculo de beneficios obtenidos por nuestra adhesión.
Las  concesiones a nuestros socios han perfilado nuestro modelo económico, pero, como he indicado, el proceso  se ha realizado en un proyecto en el que priman intereses de terceros: los Estados que controlan la UE, los “magnates”: se filtra la corrupción y  aumenta la deuda.

Hace un tiempo que publiqué en este mismo medio “El encanto de la deuda” y en efecto, las instituciones europeas, desde nuestra adhesión a las mismas, han disparado nuestro endeudamiento y nos han incrementado  el encanto de la deuda, la corrupción y el desmantelamiento de  tejido productivo: tenemos una economía que produce paro endémico. Somos más dependientes, pese al discurso oficial de “Hablamos de Europa”, que tanto se saca en el contexto de la grave crisis griega.

miércoles, 1 de julio de 2015

Caminitos VIII

Serapio



No hubiera podido siquiera  imaginar  que Ensio tuviera el mal gusto de invitar a una cotilla tan repugnante como Matilde, y desde luego, aún soporto peor lo que tengo delante: la susodicha se ha presentado en mi casa para traerme el gemelo que había perdido hace un mes. Forma parte del par que me había regalado Ramona con ocasión de nuestras bodas de oro. Afirma haberlo encontrado tirado en la calle y venido a traérnoslo con la velocidad del rayo. Así se lo suelta, a grito pelado, a la chica, en cuanto ésta abre la puerta. Lo he escuchado desde mi despacho, la dependencia más alejada de la entrada.

Ramona ha sido la primera en llegar al vocerío y en mostrar agradecimiento ante el hallazgo. Yo no tengo más que seguir el protocolo y que reprimir mis ganas de metérselo en el chocho. Yo sé dónde lo perdí y no puedo imaginar cómo lo ha encontrado esta arpía. Me temo que sí lo puedo, porque la apariencia y los olores de la prójima delatan intervenciones de Ensio.
No puedo creer que éste la hubiera enviado. No necesita chantajearme y estoy seguro de que no lo haría. Tampoco puedo imaginar que la llevara a la cama… ¿Cómo se ha hecho la puta vieja con un gemelo que yo había perdido en un revolcón? Todo va muy rápido, Ramona ha invitado a tomar un aperitivo a la cotilla y me deja solo con la menda  mientras ella va a colocar el hallazgo junto a su pareja.
Tengo que reprimir una carcajada cuando veo en el espejo la imagen de la entrometida. Está patética con su peinado de pingajos, con mi panamá ridículamente deformado y con una especie de velo ligero que no reconozco, pero que, con toda probabilidad es otro regalo de Ensio.
Temo que la habría asesinado si la chica no hubiera estado entrando y saliendo para preparar la mesa de los aperitivos y si Ramona no hubiera ejercido sus funciones de “matrona”.
No necesito intervenir en la conversación; me sería difícil. Esta zorra pretende haberlo encontrado, así porque sí, tirado en la calle. Ninguna de las dos expresa  sorpresa ante el hecho, sobre todo cuando Matilde le echa morro y pretende que el hallazgo fue un milagro, como si Dios se hubiera servido de ella para premiar las oraciones de Ramona.
Mi señora es a la vez muy devota y supersticiosa, para ella esa pérdida es  un mal presagio y ha rezado centenas de rosarios para encontrarlo. Lo estamos celebrando con montilla y jabugo. Demasiado para una prójima cuya simple presencia me amargaría una fiesta celestial.
Felizmente cuento con Ramona, la esposa y la madre ejemplares, con quien me encuentro felizmente casado. Estoy seguro que es recíproco, aunque cada uno de nosotros mantenemos nuestra privacidad y nuestros papeles. Ramona es muy competente para atender a este esperpento y hasta para librarme de mi penitencia.
-Perdona, Serapio, sabes que a la una y media cierra la tienda de los marcos…
La noticia carece de interés para mí. Comprendo que me da una excusa para librarme de mi tortura. Lo que ya no sé es si lo que propone a su visita es fruto de su devoción desmesurada o del deseo de castigar a la arpía.
-Así nos sentiremos más tranquilas para recitar los quince misterios en latín en agradecimiento al hallazgo por esta querida amiga.
No me parece que doña tilde, como la llama Laura aprecie la propuesta con agrado incluso me ha parecido que se disponía a fugarse conmigo, pero ya; con Ramona ha tocado y con su devoción o lo que sea, yo solamente he visto a la mujer que está dispuesta a defender lo suyo. En otro contexto hubiera aplicado lo de “de puta a puta, taconazo. ¡Qué cosas se me ocurren! ¿Si se enterara Ramona? Bueno…, por si acaso ya me he esforzado para dejárselo muy claro a esa zorra, antes de salir mientras ellas se arrodillaban para rezar.
Creo que Ramona ha reconocido mi sombrero. No ha dicho nada. Nunca dice nada que no le convenga decir y por mucha santidad que se proclame, cree en un Dios justiciero. Confieso que aprecio sus silencios, pero también los pago, ya lo creo que lo sé, como lo sabrá en el futuro la tilde.
La peluquería está desierta y Laura disfruta de un cigarrillo a la puerta.
-¿Dónde vas con ese cuerpo?
-A fumar un pito con mi peluquera preferida…
-¿Tienes otra?
-No, pero tú tienes clientas y clientes.
-Ha estado la tilde esta mañana ¡Qué juerga! ¡Si la hubieras visto!
-La he visto. -Me la imagino como la dejé y ambos estallamos en una carcajada. La mía es mayor, puesto que la imagen que la provoca incluye la penitencia.
-¿Dónde la has visto?
-En mi casa. Ha venido a traerme un gemelo que había perdido.
-¿Qué?
No dice más y yo siento que pasan muchas cosas por su mente y que las callará para siempre. No seré yo quien pregunte, pero si puedo dar respuestas.
Se ha presentado con mi panamá y un ridículo velo. Había pasado por casa de Ensio.
-Se fueron juntos de aquí, no te lo hubiera dicho sin saber que estás informado.
Nos hemos reído aún más con la descripción del tormento de la penitenta. Ramona es mucha Ramona, aunque no viene a esta peluquería. Ella y yo estamos juntos pero no revueltos. Laura me deja sin esperar a que termine el pitillo.
Tengo 69 años y mi vida sería diferente si no hubiera conocido a Ensio. Recuerdo aquél día con nostalgia. Fue en Colonia. Del Sacramento, su ciudad natal. Él estaba ayudando a sus padres en lo que ellos llaman un “colmado”. Yo disfrutaba de un “finde” de mi misión en Buenos Aires. Tengo preciosos recuerdos de aquella etapa de mi vida, pero ahora me cuesta asimilar mi implicación en la Secretaría de Movimiento Nacional ¡Qué tiempos aquellos! Cuando terminé Derecho no tenía otra opción que opositar, mi familia carecía de dineros o de relaciones para instalar un despacho o para trabajar en el de otro. Apenas salían oposiciones y las que se convocaban sacaban plazas a cuentagotas; había demasiados burros y muy pocos pesebres. Ramona y yo llevábamos ya tres años de noviazgo. Nos queríamos tanto como lo hacemos ahora, pero había que esperar una fuente de ingresos.
El padre de mi amada no lo veía así; le preocupaba la virginidad de su hija o que “se le pasara el arroz y recurrió a sus amistades y a su poder para colocarme. Al principio yo tenía mis reparos, que no sirvieron de argumentos para convencer a mi futuro suegro,
Fue algo así como llegar y besar el santo. Mi suegro me había preparado el terreno para una carrera fulgurante, yo creo que algo puse de mi parte… El resto fue la suerte y sobre todo, el nombramiento de Suárez como ministro Secretario General del Movimiento, en 1975.
Hasta entonces mi carrera había sido propulsada por mi suegro. No me iba muy mal; en tres años había medrado suficiente para mantener a mi familia, tenía tres hijos, con la dignidad que requiere el abolengo de mi esposa, pero yo me sentía un don nadie y un “mantenido”.
Fue todo como un cuento de hadas; el nuevo ministro Secretario, desde su llegada, puso empeño en arreglar la casa; había muerto el Caudillo… No sé cómo me captó Suarez; supongo que a través de un minucioso rastreo. La cuestión es que fui seleccionado para formar parte del equipo que trabajábamos su proyecto.
Suarez tenía un proyecto que, como ahora sabe todo el mundo, desbordaba y mucho, el ámbito de su mandato y yo formaba parte de su equipo. Mi carrera ascendió como un cohete, pero lo que más me importaba era empezar a volar sin el impulso de mi suegro.
Conocí a Ensio en esta época, en un merecido finde en el que me prometí olvidarme de mi tarea de escribir un informe sobre la crisis del peronismo de María Estela Martínez Cartas de Perón. Era mi primer gran encargo y tenía un gran empeño en satisfacer las expectativas de mi patrón.
No sé muy bien las razones por las que simpatizamos desde el primer momento, Ensio y yo, el entonces era regordete y nada favorecido por un vestuario de “quiero y no puedo”. Pero, el colmado de su familia y todos ellos, me hacían vivir en una película de esas del “Oeste”. Él  estaba empeñado en vendérmelo todo y a mí me divertía…
 Después, todo fue muy rápido y terminó en el revolcón, no en el colmado, claro, allí estaba la prometida de Ensio; fue en un maizal y me supo tan a poco, que mis visitas a Colonia se multiplicaron pese a mi empeño en el informe.
¿Por qué salgo ahora con esta historia?