Radio de los 60s

lunes, 4 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

En busca de Viki


Villaviciosa, tres de septiembre, 18,48


¿Cómo voy a encontrar un personaje que he inventado? ¿Para que buscarla?
Conocí a Lola hace un montón de años. Ambos frecuentábamos la sidrería La Torre, nuestro cuartel en mis primeros años de Villaviciosa. Formábamos un pequeño grupo. Ella comparte bloque con el que llamamos Marco. Chiri dejó el local y el nuevo dueño no dejaba entrar a Julen. Perdí al grupo.
Lola trapichea con adivinaciones y hechizos. Cobra veinticinco la sesión. Acudí una vez a sus servicios. Más bien un pretexto para verla, pese a la insistencia de Isabel para que aprovechara los dones de mi vecina.
Isabel es de Cangas y no vive en un bloque. Bien poco tiene que ver en esta historia. Ha entrado  por el morro, cuando he comentado mi búsqueda para acortar una llamada telefónica que consideraba un obstáculo.
-          Deberías acudir a Lola- sentencia.
-          ¡Sería una pérdida de tiempo!- Descarto.
-          Seguro que has perdido su número de teléfono.
Ella lo tiene a mano. Me lo ha dictado y ha concluido la conversación.
-Un beso.
Un beso te voy a dar yo a ti por distraerme… Apenas ha durado unos segundos el resentimiento. Lola ha aceptado recibirme y he entrado en el bloque.
Recibe en su habitación. En el saloncito su padre ve la tele y ni se inmuta cuando pasamos.
-          Quieres encontrar a Viky. Es una maestra en la cuarentena, de la Villa, que gusta de carretas y odia los bloques… Vamos a verla. Corta una vez – Me ofrece una baraja española.
He tenido que cortar tres veces y que hacer cuatro montones, el último con las cartas de debajo de cada uno de ellos.
-          Respira hondo mientras tocas las cartas. Vete dándome las que quieras ver. No las mires.
Obedezco. Las va colocando, bocabajo, en círculo. Hace un gesto brusco para que pare en la séptima. La coloca en el centro descubierta. Es la sota de bastos.
-          Veo alguien que quiere crecer pero que no sabe cómo. Ahora vuelve a respirar cada vez más profundo. Ojos cerrados. Desliza tus dedos por todas las cartas hasta que una de ellas te llame.
Me lo tomo en serio; estoy pagando veinticinco euros. Siento la llamada. Entrego la carta y no abro los ojos hasta que Lola no anuncia: “el dos de oros”.
-          Sigue sacando. Toma el tiempo que necesites. Yo ya estoy viendo cosas. Necesito más datos.
Empiezo a aburrirme y a interesarme. Sobre todo siento la relajación de quien ha pasado una tormenta. Ignoraba que podía respirar tan profundamente y que mis dedos podían recibir llamadas. Ofrezco la tercera carta y la veo tras su anuncio: siete de espadas.
-          Viky es luchadora, pero está atrapada y amenaada. Tiene problemas. Nada grave, pura rutina. Ella no lo ve así y su actitud no ayuda- calla un largo minuto que se me ha antojado siglos- Ya no es maestra… Busca mejor otra carta. Esfuérzate.
Lo he hecho. Lola parece buscar conmigo. La carta es el 6 de oros.
Así me ha presentado a Viky: no podía contra un sistema blindado. Luchó hasta darse cuenta de su error. Los trabajos que emprendió no la satisfacían hasta que se instaló en Oles y se dedicó a tallar azabache. Va de feria en feria…
Busca el amuleto. Toma un trozo de azabache en bruto. Lo coloca en una bolsa que cierra con cordeles lo suficientemente largos para hacer girar.
-          Tienes que limpiarte antes de Tocarlo – Lo conserva en sus manos hasta que decide que estoy preparado. Tarda un buen rato. Me pongo nervioso por no saber cómo limpiarme- Deja que el aire te penetre.
Tengo los cordones en mis manos. No tengo tan clara mi purificación. Su voz me tranquiliza.
-          Haz lo que te salga del alma.
-          ¿Del alma?
-          ¿Quieres encontrar a Viky?
¿Quiero? ¿Pará qué?
-          Estaba en las Ramblas cuando el atentado.
Mete morbo la pitonisa. No formulo las preguntas que ella esperaba, pero Lola siempre lleva la voz cantante.
-          Se salvó de puro milagro. Te espera en Oles. Ya es tarde para ir. Mañana…
No es un largo trayecto. Es una aglomeración en torno a las minas, actualmente cerradas, del famoso azabache. Me gusta el lugar y la gente,  y conozco una higuera generosa que ahora tiene su fruto maduro. No iré. Carece de sentido que busque a una Viky que me he inventado.
Mi visita a Lola ha sido útil, sin embargo.
-Odio a los gitanos – me ha soltado sin más mi anfitriona- Abajo vive una familia de degenerados que no me dejan vivir. Él está empeñado en matar a su mujer. Los hijos trapichean. No puedo pegar un ojo.
La Lola da mucho que hablar, pero me impone el silencio.

-Las viviendas sociales deberían estar destinadas a “cristianos viejos” y no a salvajes. Se hacen los amos y nosotros, los payos, no pintamos nada. Cualquier día nos echan para dar vivienda a gitanos e inmigrantes. ¡Menudas pagas les dan! A nosotros nada…

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