Radio de los 60s

jueves, 7 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

Lizy
 
Villaviciosa, 7 de septiembre, 9:25 h.
 
Ayer me vino a la mente la princesa rumana y todo se lió.  Había tres Isabeles en mi entorno: mi huésped sin fecha de caducidad, la Villalobos y la Campo Viejo. La cuarta era ya mucho y además, me llevaba a una conversación que tuvimos en París, a finales de los sesenta, sobre los zíngaros en Moldavia, parte del principado de su padre.
Quería centrarme en la última, pero las otras no me dejaban. Mi invitada tiene mucho que contar y compartimos trabajo y la lectura de  un maravilloso relato de la Villalobos. No pensaba que lo lograra cuando me contó el proyecto en Literania: un manuscrito donde mezcla el catalán con el castellano, una publicación artesana que derrocha humanidad.
¿Cómo centrarme en los zíngaros de Moldavia cuando a la Campoviejo, que pasa semanas sin telefonear, le vino la urgencia de hablar conmigo y, según ella, no respondí a su llamada a las dos de la tarde, lo que provocó su inquietud. Eso me dijo en la llamada que recibí a las siete de la tarde, en el primer hueco que le permitió su trabajo.
A las dos, mi huésped, Julen y yo estábamos en la terraza del Café de Vicente. Degustábamos; ella huevo y chorizo casero, Julen la tapa que siempre preparan para él en la cocina y yo mi zumo de naranja con limón. No había bulla y tengo subido el volumen de las llamadas. Difícil no oírlas. La Campo Viejo sabe que tengo un huésped.
Por la noche, mi huésped decidió celebrar nuestro cumpleaños del 2017; ambos nacimos el 21 de abril, decidimos celebrarlo juntos hasta que la muerte nos separe.
Nos faltaba Iris. Isabel descubrió que mi Whatsapp no funcionaba porque estaba desconectado de la red. Pudimos comunicarnos con ella. Ya éramos cuatro, con Julen incluido en la fiesta y teníamos la obra de la Villalobos en el centro de la mesa. Faltaba la Campo Viejo, que prometió llamar cuando cerrara la sucursal que dirige.
No había olvidado a Lizy y a los zíngaros de Moldavia, no. La historia que me contó aquel día está gravada en mis sentimientos. Las acusaciones de Ana dirigidas a Ismael y María reclaman a la princesa.
El padre de Lizy era príncipe de Moldavia. Se han encontrado documentos que acreditan la presencia de zíngaros eslavos a principios del siglo XV, desde entonces hay documentos que mencionan abiertamente compraventas por parte de los príncipes, monasterios, etc.
El territorio ha pasado por las manos de varios poderes: el imperio ruso (1812/1818), Rumanía (1818/1940, 1941/1944). Una parte del territorio fue República Socialista Soviética Moldava (1940/41 y a partir de 1944). Recuerdo que la historia me fue contada en los 60.
Cada cambio de soberanía produjo grandes desplazamientos de población. Los esclavos las sufrieron en sus carnes.
El zar trató de sedentarizar a estas poblaciones y de suprimir la etiqueta de esclavos, aunque eran siervos del príncipe, de particulares o del Estado.
El padre de Lizy defendía no solamente la liberación, sino la integración de los zíngaros. Era parlamentario, partidario de la expropiación de los latifundios, incluso se trajo a Rumanía la herencia de su esposa, para que el Estado dispusiera de medios para practicar políticas de integración de la ciudanía marginada.
Fue una voz que clamaba en la aridez del desierto. La Rumanía socialista se olvidó de los zíngaros, claro que no eran esclavos o siervos, pero no se hicieron más allá que unos gestos para integrar a una población marginada, con mayor fecundidad que los compatriotas adaptados al régimen.
No me ha sido evocada solamente por el nombre de mi huésped. También me la ha traído a la mente la llamada telefónica de la Campo Viejo. Sabe que la otra Isabel está aquí y que la estancia no tiene fecha de caducidad. Ha mostrado su malestar porque no había respondido a su llamada de las dos de la tarde.
La Isabel se deleitaba con el huevo de una de las gallinas que corren por el corral y el chorizo de uno de los “gochos” de Vicente con “patatinas” fritas; Julen con la tapa que se le prepara como cortesía mientras yo me tomaba mi zumo de naranja con limón. 

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